Purple Tree

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La habitación es pequeña y  tiene pocos muebles, los necesarios para dar un entorno hogareño. Una foto borrosa de Cortazar se encuentra colgada en una pared al lado de una biblioteca equipada con varios libros, testigo silencioso de la situación que se desenvuelve, culpable también de ella, nos recuerda que nos encontramos sumergidos en uno de sus cuentos.

Una vez que logremos encerrar al conejo en el armario comenzará el juego de verdad. Aparecerá una nueva cita del cuento y se activará un reloj que nos indicará cuanto tiempo nos queda para cumplir con nuestro nuevo objetivo: encerrar a tres conejitos nuevos.

Como introducción a los distintos niveles irán apareciendo distintas citas del cuento de Cortazar que nos ubican – en caso de haberlo leído – en qué momento de la historia nos encontramos. Los conejos a encerrar irán aumentando progresivamente, hasta llegar al número de tolerancia final: once.

La escena final pareciera estar fuera de nuestro control como jugadores, sin embargo es responsabilidad nuestra haber llegado hasta allí y apenas apretemos alguna de las flechas del teclado la habitación comenzará a oscurecerse quedando solamente iluminada la ventana hacia la cual se dirigirá lentamente nuestro personaje agotado ya por la situación.

Hemos jugado a “Carta a una señorita en Paris”, el primer juego argentino que es un homenaje a Cortazar y un perfecto ejemplo de una transposición de género del siglo XXI. Oscar Steimberg, reconocido semiólogo y escritor argentino, referente obligado para los estudios de transgénero afirma que la transposición ocurre cada vez que  un género o un producto textual particular cambia de soporte o de lenguaje. Para Steimberg “vivimos en una cultura de transposiciones: los relatos cinematográficos, los distintos géneros televisivos; los géneros que insisten en la radio, los nuevos que se van creando en ella, y también los viejos y nuevos de la comunicación impresa, hablan de un juego entre la insistencia de los transgéneros que recorren medios diversos, así como distintas épocas y espacios culturales, y la de aquellos que aparecen en cada medio y le son específicos”. (Steimberg, 1993:84)

Las transposiciones a las que estamos más habituados son aquellas que van del cine a la televisión o del libro al cine, pero lejos está de agotarse allí. A grandes rasgos el desafío principal de una transposición es la de respetar la intencionalidad originaria pero adaptándola al nuevo dispositivo. No se trata de usar al texto original como fuente de inspiración sino de recrearlo con un nuevo código. Toda transposición acarrea profundas implicancias a nivel semiótico y sociológico. Eliseo Verón, Bajtlin y Traversa son algunos de los principales nombres, sumados al ya mencionado Steimberg,  a tener en cuenta a la hora de realizar estudios sobre la cuestión.

El primer gran fantasma a enfrentar es el de la pérdida. Pérdida de sentido, perdida de transparencia, pérdida del espíritu original. Ese fue justamente el desafío por el cual decidieron arrancar los creadores de Rabbits. Leer es una experiencia puramente individual e interna que no puede ser reproducida en palabras. Hay una conexión mágica entre escritor y lector. El fetiche del libro está allí, escondido entre las hojas, envolviendo a su lector ante cada vuelta de página. ¿Cómo emular el poder de la palabra? Imposible atrapar la cadena de imaginarios que se despiertan ante el inicio de la lectura. ¿Cómo lograr ese nivel de absorción de espíritu y mente tan propio de la literatura?

La respuesta está en el mismo dispositivo. El videojuego implica una conexión entre desarrollador – juego – jugador que es al mismo tiempo un compromiso de mente y cuerpo. Jugar es estar en la historia y aceptar las reglas allí impuestas.  El jugador controla al personaje de la pantalla, la identificación es casi instantánea, son uno mismo. Lo que le suceda al personaje le estará sucediendo a él. Si el cine establecía un nexo especial con el espectador, acudiendo a técnicas y procesos del psicoanálisis, el videojuego redobla la apuesta, no solo convoca a nivel inconsciente sino que además le pide a su espectador que se involucre activamente.

Imagen, música y texto nos ponen en ambiente.  La música bajo la forma de un loop insistente  que refuerza la sensación de una situación de la cual es imposible escapar y que pareciera recomenzar una y otra vez como un ciclo sin fin.  La cámara en picado es un préstamo del cine; la misma nos habla de un personaje psíquicamente débil, dominado o inferior y es que nuestro protagonista está atravesando una situación que quedará en manos del jugador/lector decidir si es propia de un cuento fantástico o de una alteración psicológica. Es Otra vuelta de tuerca pero con unos fantasmas más simpáticos, pequeños, blancos y peludos.  El clima de realidad paralela se ve acentuado por cambios abruptos en la imagen y la música, el cuarto se invierte de posición, nuestro personaje y los conejos cobran proporciones desmedidas y la música cambia a un tono psicodélico para volver todo repentinamente a su estado original.

El objetivo del juego no es contarnos el cuento de otra forma, sino que nos pongamos en los zapatos del personaje y transitemos su experiencia. No importa cómo llegamos a esa situación, allí estamos y apenas cliqueemos “play” seremos el personaje protagonista del cuento de Cortazar. Si al final del juego sentimos que luchamos con los conejos, que corrimos tras ellos, que no podíamos contener la situación, que el reloj y los golpes en la puerta nos presionaban. Si nos sentimos aliviados cuando no hubo más conejitos e intuimos que nuestra única solución era ceder el control al desarrollador, entonces el objetivo está logrado.

Rabbits for my closset no busca crear una atmosfera realista, porque no se trata de una situación real. Es corto pero es intenso, la medida justa para que el jugador siga hasta el final.  Hay una posible forma de “perder” si uno no llega a encerrar a los conejos a tiempo el juego finaliza, pero una inscripción aparece en la pantalla consolándolos: “quizá no llegar al final sea mejor”. Podemos volver a intentar, seguir pasando las hojas, o abandonar el juego, dejar el libro. Está en nosotros en ambos casos conducir a nuestro personaje hasta la ventana en busca de su destino final.

Rabbits for my Closet – Official Trailer from purpletree on Vimeo.